Cómo entrenan los mejores corredores del mundo: 8 claves que puedes aplicar

Durante años hemos relacionado la mejora en running con sumar kilómetros, hacer más series y terminar cada entrenamiento agotados. Sin embargo, cuando analizo cómo están trabajando los entrenadores de los mejores corredores del mundo, la conclusión es bastante distinta: no se trata simplemente de entrenar más, sino de entrenar con mayor precisión.

Esta transformación aparece reflejada en un estudio realizado con 78 entrenadores de nivel mundial, procedentes de 18 países y vinculados a 14 deportes de resistencia. Los investigadores identificaron ocho grandes cambios relacionados con la individualización, la ejecución de las sesiones, la gestión de la carga, el uso del entorno, la nutrición, la recuperación, la salud y la tecnología (Sandbakk et al., 2026). 

Lo más interesante es que estos principios no están reservados a quienes corren por debajo de tres minutos el kilómetro. También podemos aplicarlos quienes trabajamos ocho horas, tenemos obligaciones familiares y disponemos de un tiempo limitado para entrenar. La diferencia está en adaptar las herramientas, no en copiar los kilómetros de un campeón. Esa es precisamente la idea que defiendo en el vídeo que sirve de base para este artículo.

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1. Individualizar el entrenamiento: basta de copiar planes

El primer gran cambio en el entrenamiento de los mejores corredores del mundo es la individualización. Durante mucho tiempo se han compartido planes como si una misma combinación de rodajes, series y tiradas largas pudiera funcionar igual para todos. El problema es que dos corredores pueden perseguir el mismo objetivo y necesitar caminos completamente diferentes.

Pensemos en dos personas que quieren preparar una maratón. Una destaca en carreras de 5 kilómetros, tiene velocidad y se desenvuelve bien en esfuerzos explosivos, pero pierde rendimiento cuando la distancia aumenta. La otra no es especialmente rápida, aunque mantiene ritmos estables durante muchas horas. A la primera probablemente le falte desarrollar resistencia y tolerancia al volumen. La segunda puede necesitar más trabajo de velocidad, fuerza y economía de carrera.

El objetivo es el mismo, pero su fisiología, sus fortalezas y sus limitaciones no lo son. Por eso, en mi caso, lo tengo claro: que un entrenamiento le haya funcionado a tu amigo o a un corredor profesional no significa que tenga que funcionarte a ti. Copiar el resultado visible de otro deportista sin conocer su historial es copiar solo una pequeña parte del proceso. 

La individualización tampoco se limita a realizar una prueba fisiológica. Un buen plan debe considerar:

  • Experiencia deportiva.
  • Historial de lesiones.
  • Distancia que se prepara.
  • Capacidad para tolerar volumen e intensidad.
  • Horarios laborales.
  • Calidad del sueño.
  • Estrés personal.
  • Responsabilidades familiares.
  • Tiempo real disponible para recuperar.

No puede asimilar la misma carga quien trabaja desde casa, duerme ocho horas y tiene las tardes libres que quien realiza un trabajo físico, duerme seis horas y llega a casa con tres hijos esperando. El entrenamiento es solo una parte de la carga total que recibe el organismo.

La revisión sobre las características de los corredores de clase mundial también destaca que el entrenamiento de élite no se reduce a una receta única. Aunque existen patrones comunes, la distribución del volumen, la intensidad, la fuerza y las competiciones se ajusta a la especialidad y a la trayectoria del atleta (Haugen et al., 2022). 

Cómo aplicarlo en tu entrenamiento

Antes de seguir un plan, pregúntate si está adaptado a:

  1. Los días que realmente puedes entrenar.
  2. La distancia que estás preparando.
  3. Tus ritmos y zonas actuales.
  4. Tu experiencia previa.
  5. Tu capacidad para recuperarte.

Un plan individualizado no tiene que ser complicado. Puede consistir simplemente en reducir una sesión intensa durante una semana con mucho estrés, sustituir un rodaje por descanso cuando has dormido mal o adaptar la tirada larga a tu historial de lesiones.

Entrenar como la élite no significa disponer de un laboratorio. Significa tomar decisiones basadas en tu respuesta real, no en lo que estaba escrito de manera inamovible en una plantilla.

2. Entrenar con precisión: cada sesión debe tener un propósito

El segundo cambio es pasar del entrenamiento basado en “más y más fuerte” a un entrenamiento más preciso. Los mejores corredores no convierten todas las sesiones en una competición. Saben qué adaptación buscan, a qué intensidad deben correr, cuánto tiempo tienen que mantenerla y cuánto necesitan recuperar.

Aquí aparece uno de los errores que veo con más frecuencia en los corredores populares: salir a hacer un rodaje suave y terminar corriendo en una intensidad moderada. No es un esfuerzo suficientemente bajo para favorecer bien la recuperación, pero tampoco suficientemente alto para generar el estímulo de una sesión intensa. Es lo que suele llamarse “zona gris”.

El problema no es correr a intensidad moderada alguna vez. El problema es instalarse ahí casi todos los días.

Los corredores de élite acumulan una parte importante de su entrenamiento a intensidades bajas, aunque la distribución exacta varía en función de la distancia, la fase de la temporada y el deportista. La literatura sobre corredores de clase mundial muestra grandes volúmenes de trabajo aeróbico combinados con dosis más pequeñas y planificadas de entrenamiento moderado y de alta intensidad (Haugen et al., 2022). 

Además, un análisis de modelos de sesiones utilizados en deportes de resistencia encontró que los intervalos de atletas exitosos suelen ser controlados, relativamente voluminosos y menos exhaustivos que muchas de las recomendaciones tradicionales. Es decir, una sesión de calidad no tiene por qué acabar con el corredor completamente vacío (Tønnessen et al., 2024). 

Esto coincide con algo que repito en el vídeo: las series no consisten en correr a tope hasta que el cuerpo no pueda más. Debes saber qué capacidad quieres trabajar y elegir el ritmo, la duración y la recuperación adecuados. 

Ritmo, frecuencia cardíaca, potencia y sensaciones

La intensidad puede controlarse mediante diferentes herramientas:

  • Ritmo por kilómetro.
  • Frecuencia cardíaca.
  • Potencia de carrera.
  • Lactato, en contextos avanzados.
  • Escala de percepción del esfuerzo.
  • Test de conversación.

Ninguna variable es perfecta. El ritmo cambia con las pendientes, el viento y el calor. La frecuencia cardíaca puede verse afectada por el sueño, la hidratación o la temperatura. La potencia depende del dispositivo utilizado. Las sensaciones también pueden engañarnos.

Por eso conviene cruzar varias señales. Por ejemplo, en un rodaje fácil puedes observar el ritmo, comprobar que las pulsaciones se mantienen controladas y confirmar que eres capaz de mantener una conversación.

Una distribución práctica para un corredor amateur

No existe una fórmula universal, pero una semana sencilla podría incluir:

  • Dos o tres sesiones realmente suaves.
  • Una sesión de intensidad.
  • Una tirada larga controlada.
  • Uno o dos días de fuerza.
  • Descanso o actividad ligera según la recuperación.

Un corredor experimentado que entrena seis o siete días puede incluir dos estímulos exigentes. Alguien que empieza, acumula estrés laboral o solo corre tres días probablemente necesite una única sesión intensa.

La precisión no consiste en llenar el entrenamiento de números. Consiste en que cada día tenga una función clara: estimular, consolidar o recuperar.

3. Gestionar la carga: los kilómetros no cuentan toda la historia

Durante años se ha utilizado el kilometraje semanal como principal medida de entrenamiento. Saber cuántos kilómetros hacemos es útil, pero insuficiente. Correr 60 kilómetros por terreno llano no genera el mismo impacto que recorrer la misma distancia con un gran desnivel. Tampoco supone lo mismo completarlos descansado que hacerlo después de varias noches durmiendo mal.

Los entrenadores de alto nivel diferencian entre carga externa y carga interna.

La carga externa describe el trabajo realizado:

  • Kilómetros.
  • Duración.
  • Desnivel.
  • Ritmo.
  • Número de aceleraciones.
  • Repeticiones.
  • Peso movilizado en el gimnasio.

La carga interna representa cómo responde el organismo:

  • Frecuencia cardíaca.
  • Percepción subjetiva del esfuerzo.
  • Lactato.
  • Fatiga muscular.
  • Calidad del sueño.
  • Estado de ánimo.
  • Variabilidad de la frecuencia cardíaca.

El consenso sobre monitorización de cargas recomienda utilizar un enfoque multidimensional. Ningún dato aislado permite conocer con exactitud si un deportista se está adaptando bien o está acumulando demasiada fatiga (Bourdon et al., 2017). 

En la práctica, esto significa que no debes tomar decisiones únicamente porque el reloj diga que estás recuperado o porque hayas cumplido los kilómetros previstos. Hay que observar tendencias.

En mi caso, recomiendo llevar un diario de entrenamiento porque permite comparar lo que has hecho con la respuesta que ha provocado. No hace falta escribir una página cada día. Basta con registrar unas pocas variables:

VariableQué puedes apuntar
VolumenKilómetros y duración
TerrenoDesnivel y superficie
IntensidadRitmo, pulsaciones o potencia
EsfuerzoValor del 1 al 10
SueñoHoras y calidad percibida
FatigaBaja, media o alta
Estado generalMotivación, estrés y molestias

Las medidas subjetivas pueden ser especialmente valiosas. Una revisión encontró que los cuestionarios de bienestar reflejaban los cambios de carga de manera sensible y consistente, en ocasiones mejor que determinadas medidas objetivas (Saw et al., 2016). 

Señales de que necesitas reducir la carga

Una mala sesión aislada no significa que estés sobreentrenado. Sin embargo, conviene prestar atención cuando varias señales aparecen de forma sostenida:

  • Los ritmos suaves requieren cada vez más esfuerzo.
  • Duermes peor durante varias noches.
  • Te levantas con sensación de fatiga.
  • Pierdes motivación para entrenar.
  • Tus pulsaciones se comportan de manera anormal.
  • Aparecen molestias que van aumentando.
  • El rendimiento cae durante varias sesiones.

Cuando estas señales se acumulan, puede ser más inteligente introducir días suaves o una semana regenerativa que insistir en completar el plan. El objetivo no es entrenar todo lo que puedas soportar hoy, sino acumular meses y años de trabajo sin romper la continuidad.

4. Utilizar el entorno: entrenamiento en altitud y en calor

El entrenamiento en altitud lleva décadas utilizándose en los deportes de resistencia. La exposición a una menor disponibilidad de oxígeno puede provocar adaptaciones hematológicas y no hematológicas, aunque la respuesta varía considerablemente entre deportistas.

Uno de los modelos más conocidos es vivir en altitud y realizar parte del entrenamiento intenso en cotas más bajas. De esta forma se busca combinar la exposición a la hipoxia con la posibilidad de mantener una calidad elevada en determinadas sesiones. Sin embargo, los beneficios no son automáticos ni idénticos para todos. La dosis de exposición, el estado del hierro, la carga de entrenamiento, la recuperación y la respuesta individual influyen en el resultado (Girard et al., 2023). 

Por eso los equipos de élite no suelen limitarse a subir a una montaña unas semanas antes de una competición. Planifican la estancia, controlan la carga, realizan analíticas y deciden cuándo regresar al nivel del mar. El estudio de Sandbakk et al. muestra precisamente que el uso estratégico del entorno es uno de los ocho grandes cambios señalados por los entrenadores de nivel mundial (Sandbakk et al., 2026). 

El calor también se utiliza como estímulo de adaptación. Las exposiciones repetidas pueden mejorar la capacidad de disipar calor, aumentar el volumen plasmático y reducir la tensión fisiológica durante el ejercicio en ambientes calurosos. Las recomendaciones de consenso suelen plantear exposiciones repetidas durante una o dos semanas antes de competir en calor (Racinais et al., 2015). 

La preparación en altitud y calor debe ir acompañada de una estrategia de hidratación, reposición de sodio y control de la recuperación. La literatura especializada considera ambos entornos herramientas con potencial, pero insiste en que deben adaptarse al deportista y a las condiciones de competición (Saunders et al., 2019). 

¿Tiene sentido para un corredor popular?

La mayoría de aficionados no necesitamos una concentración prolongada en altitud ni una cámara hipóxica. Sí podemos extraer tres aprendizajes:

  1. Prepararnos para el entorno de la carrera.
    Si vamos a competir en verano, conviene realizar una aclimatación progresiva.
  2. Reducir la intensidad cuando hace calor.
    Intentar mantener los ritmos habituales con temperaturas elevadas puede aumentar excesivamente el estrés.
  3. Practicar la hidratación.
    No debemos estrenar la estrategia de líquidos y sales el día de la competición.

No aconsejo improvisar sesiones extremas con mucha ropa, sauna o deshidratación deliberada. Estas estrategias pueden aumentar el riesgo de problemas relacionados con el calor. El principio útil no es sufrir más, sino preparar el organismo de forma progresiva para el ambiente que encontrará.

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5. Periodizar la nutrición: comer según el trabajo que toca

Otro de los cambios destacados por los entrenadores de élite es la periodización nutricional. Esto significa que la ingesta no tiene por qué ser idéntica todos los días, porque las demandas tampoco lo son.

Una sesión de intervalos exigentes, una competición o una tirada larga con ritmo específico necesitan una buena disponibilidad de energía y carbohidratos. En cambio, un día de descanso o un rodaje corto puede requerir una cantidad menor.

La idea de periodizar los hidratos no consiste en eliminarlos ni en entrenar siempre en ayunas. Consiste en ajustar su disponibilidad al objetivo de la sesión.

La disponibilidad elevada de carbohidratos ayuda a mantener la intensidad cuando buscamos rendimiento en entrenamientos exigentes. Por otro lado, realizar determinadas sesiones seleccionadas con menor disponibilidad puede aumentar algunas señales moleculares relacionadas con la adaptación. El matiz importante es que esos cambios metabólicos no se traducen necesariamente en un mejor rendimiento.

Un metaanálisis no encontró una mejora general del rendimiento al comparar la restricción periódica de carbohidratos con programas que mantenían una disponibilidad normal o alta. Por tanto, entrenar con pocos hidratos no es automáticamente mejor (Gejl & Nybo, 2021). 

Esta es una de las afirmaciones del vídeo que conviene explicar con precisión. Algunos corredores pueden utilizar sesiones concretas con una disponibilidad menor, pero no recomendaría convertirlas en la base de la semana. Hacerlo puede reducir la calidad del entrenamiento, dificultar la recuperación y favorecer una ingesta energética insuficiente.

Yo prefiero resumirlo así:

  • Entrena con combustible cuando necesites calidad.
  • Recupera con energía suficiente después de las sesiones importantes.
  • No utilices la restricción como una prueba de dureza mental.

Entrenar el estómago

En esfuerzos prolongados también resulta importante practicar la ingesta durante el ejercicio. El sistema digestivo puede entrenarse gradualmente para tolerar líquidos, carbohidratos y alimentos en movimiento.

Las revisiones disponibles indican que el entrenamiento gastrointestinal puede reducir molestias y mejorar la tolerancia a la alimentación durante ejercicios de resistencia, aunque la respuesta es individual (Martinez et al., 2023). 

Las recomendaciones clásicas suelen situar la ingesta alrededor de 60 gramos por hora en ejercicios prolongados y cerca de 90 gramos por hora en pruebas de ultrarresistencia, utilizando combinaciones de carbohidratos transportables. Estas cantidades deben ajustarse a la duración, la intensidad y la tolerancia del atleta (Jeukendrup, 2014). 

Algunos deportistas profesionales consumen cantidades superiores, pero eso no significa que un corredor popular deba intentar ingerir 120 o 150 gramos por hora desde el primer día. Necesita una progresión:

  1. Empezar con una cantidad tolerable.
  2. Repetirla en los entrenamientos largos.
  3. Probar diferentes formatos.
  4. Aumentar gradualmente.
  5. Utilizar en competición solo lo que ya se ha practicado.

Si llevas semanas con fatiga, irritabilidad y pérdida de rendimiento, no asumas automáticamente que necesitas entrenar menos. También debes revisar si estás aportando suficiente energía para el trabajo que realizas.

6. Cuidar la recuperación: sueño, estrés y bienestar

El entrenamiento genera el estímulo, pero la adaptación se produce durante la recuperación. Esta frase puede sonar repetida, aunque sigue siendo uno de los aspectos que más se descuidan.

Muchos corredores registran con precisión el ritmo de cada kilómetro y, al mismo tiempo, ignoran que llevan tres noches durmiendo mal. El organismo no separa completamente el estrés deportivo del laboral, familiar o emocional. Todo suma.

Los entrenadores entrevistados por Sandbakk et al. destacaron una visión más holística de la recuperación, en la que se consideran el sueño, el estrés, el equilibrio vital y la nutrición (Sandbakk et al., 2026). 

El consenso sobre sueño en deportistas señala que los atletas pueden sufrir tanto una duración insuficiente como una mala calidad del descanso. También advierte que no existe una recomendación perfecta para todo el mundo: las necesidades dependen del individuo, la carga, los horarios y el contexto competitivo (Walsh et al., 2021). 

Por eso no basta con perseguir un número fijo de horas. Conviene preguntarse:

  • ¿Me levanto descansado?
  • ¿Me cuesta conciliar el sueño?
  • ¿Me despierto varias veces?
  • ¿Necesito más cafeína que antes?
  • ¿Tengo sueño durante el día?
  • ¿Mi rendimiento está empeorando?

Qué puede aportar la variabilidad de la frecuencia cardíaca

La variabilidad de la frecuencia cardíaca, o VFC, se utiliza para observar cambios en la regulación del sistema nervioso autónomo. Puede aportar información sobre la adaptación y la recuperación, especialmente cuando se mide en condiciones similares y se interpreta como tendencia.

Sin embargo, una lectura aislada no permite diagnosticar fatiga o sobreentrenamiento. Una revisión sobre variables autonómicas encontró que algunos cambios asociados con una buena adaptación también pueden aparecer durante periodos de sobrecarga. Por eso es necesario combinar la VFC con otras medidas de tolerancia al entrenamiento (Bellenger et al., 2016). 

Los relojes y anillos son útiles para observar tendencias, pero no sustituyen una evaluación clínica ni miden todas las fases del sueño con precisión equivalente a una prueba de laboratorio. La validez depende del dispositivo y de la variable analizada (Driller et al., 2023). 

En mi caso, no recomiendo obedecer ciegamente al reloj. Lo utilizo como una señal más. Si el dispositivo muestra mala recuperación, pero te encuentras bien y tus valores habituales son normales, no tienes que cancelar automáticamente la sesión. Si, por el contrario, el reloj parece optimista pero llevas días agotado, tampoco deberías ignorar tus sensaciones.

La combinación más práctica es observar:

  • Tendencia de la VFC.
  • Frecuencia cardíaca en reposo.
  • Horas y calidad del sueño.
  • Fatiga percibida.
  • Rendimiento en sesiones habituales.
  • Estado de ánimo.

7. Entrenar la fuerza y proteger la salud

Durante mucho tiempo se pensó que un corredor solo necesitaba correr. El trabajo de fuerza se limitaba a circuitos con el peso corporal y muchas repeticiones, normalmente realizados sin una progresión clara.

La preparación actual ha cambiado. Los corredores de élite utilizan cargas altas, ejercicios explosivos, movimientos específicos y pliometría según su especialidad y su experiencia. No buscan convertirse en culturistas, sino mejorar la capacidad del sistema neuromuscular para producir y transmitir fuerza.

Un metaanálisis de 2024 encontró que el entrenamiento con cargas altas puede mejorar el rendimiento en corredores de media y larga distancia. La combinación de varios métodos —por ejemplo, fuerza pesada y pliometría— podría aportar beneficios mayores que utilizar una única modalidad. Estas mejoras no dependen necesariamente de aumentar el consumo máximo de oxígeno; pueden estar relacionadas con la economía de carrera y la capacidad neuromuscular (Llanos-Lagos et al., 2024). 

En términos sencillos, unas piernas más fuertes pueden necesitar un porcentaje menor de su capacidad máxima para producir cada zancada. Eso puede ayudar a mantener la técnica y el ritmo cuando aparece la fatiga.

¿Cuántos días de fuerza necesita un corredor?

Dos sesiones semanales son una referencia razonable para muchos corredores, pero no una obligación universal. Una persona que empieza puede mejorar con una sesión bien diseñada. Un atleta experimentado puede realizar dos o tres, ajustando su duración y contenido según la fase de la temporada.

Una sesión básica podría incluir:

  • Una variante de sentadilla.
  • Un ejercicio dominante de cadera.
  • Trabajo unilateral.
  • Elevaciones de gemelo.
  • Empujes o tirones para el tronco.
  • Ejercicios de estabilidad.
  • Saltos, cuando exista preparación para realizarlos.

La carga debe progresar gradualmente y la técnica debe ser correcta. Las sesiones de fuerza más exigentes deben coordinarse con los entrenamientos de carrera para evitar que la fatiga interfiera con los días clave.

Fuerza y prevención de lesiones: un matiz necesario

En el vídeo afirmo que la fuerza tiene una importancia enorme para prevenir lesiones. Mantengo esa idea práctica, pero conviene evitar presentarla como una garantía.

Una revisión centrada en corredores de resistencia no encontró una reducción general y concluyente de las lesiones con todos los programas basados en ejercicio. Los resultados dependieron de la intervención, el cumplimiento y la supervisión. Los programas supervisados parecieron ofrecer mejores resultados que aquellos realizados sin seguimiento (Wu et al., 2024). 

Por tanto, la fuerza puede contribuir a preparar tejidos y mejorar la capacidad física, pero no compensa una progresión descontrolada, una recuperación insuficiente o una baja disponibilidad energética.

Salud hormonal y disponibilidad energética

La pérdida de la menstruación no debe normalizarse como una consecuencia inevitable del entrenamiento. Puede ser una señal de baja disponibilidad energética, es decir, de que la energía restante después del ejercicio no es suficiente para mantener adecuadamente otras funciones del organismo.

El consenso del Comité Olímpico Internacional sobre la deficiencia energética relativa en el deporte, conocida como REDs, describe posibles consecuencias hormonales, óseas, metabólicas, inmunológicas y de rendimiento tanto en mujeres como en hombres (Mountjoy et al., 2023). 

Ante pérdida menstrual, fracturas por estrés, fatiga persistente, bajada inexplicable del rendimiento o cambios relevantes del estado de ánimo, lo adecuado es acudir a profesionales de medicina y nutrición deportiva. No es un problema que deba solucionarse únicamente tomando un suplemento o añadiendo un gel en los entrenamientos.

Aquí cobra sentido una de las frases que más repito: sin salud no hay rendimiento. La capacidad de entrenar con continuidad durante años vale mucho más que un bloque espectacular seguido de una lesión.

8. Utilizar la tecnología sin depender de ella

Las zapatillas con placa de carbono, los relojes avanzados, los sensores y la inteligencia artificial han transformado el entrenamiento de resistencia. Bien utilizados, pueden ayudar a medir mejor el trabajo y a tomar decisiones más informadas. Mal utilizados, pueden generar dependencia y una falsa sensación de exactitud.

Zapatillas con placa de carbono

Las zapatillas avanzadas combinan espumas de alta respuesta, geometrías específicas y placas rígidas. Se han asociado con mejoras en la economía de carrera y el rendimiento, aunque el beneficio varía entre modelos y corredores.

Ahora bien, no podemos afirmar que reduzcan automáticamente las lesiones porque disminuyan determinadas cargas mecánicas. El cambio de geometría también modifica el trabajo del pie y del tobillo.

Una publicación de 2023 describió cinco casos de lesiones por estrés en el navicular de corredores competitivos que utilizaban calzado con placa. Los autores no demostraron una relación causal general, pero recomendaron una transición progresiva y más investigación sobre las nuevas demandas biomecánicas (Tenforde et al., 2023). 

Mi recomendación práctica es sencilla:

  • No estrenes este calzado directamente en una maratón.
  • Alterna con tus zapatillas habituales.
  • Empieza con sesiones cortas.
  • Aumenta el uso de manera gradual.
  • Presta atención a molestias nuevas en pie, tobillo o pantorrilla.

Sensores y datos en tiempo real

Los entrenadores consultados por Sandbakk et al. consideran que los sensores de glucosa, lactato y oxigenación muscular pueden desempeñar un papel creciente. Su potencial está en ofrecer datos más inmediatos para ajustar la carga y la nutrición (Sandbakk et al., 2026). 

Sin embargo, disponer de más datos no garantiza comprender mejor al deportista. Una medición puede estar afectada por errores, condiciones ambientales o diferencias entre dispositivos. Además, no todos los valores relevantes para pacientes con una enfermedad tienen la misma utilidad en deportistas sanos.

La pregunta correcta no es “¿qué más puedo medir?”, sino “¿qué decisión voy a tomar con este dato?”.

Inteligencia artificial como apoyo

La inteligencia artificial puede analizar grandes cantidades de información, detectar patrones y ayudar a relacionar el sueño, la carga, la nutrición y el rendimiento. Una revisión reciente destaca su potencial para personalizar decisiones en deportes de resistencia, pero también señala problemas relacionados con la calidad de los datos, la validación y la interpretabilidad de los modelos (Grivas & Safari, 2025). 

Yo no la utilizaría para generar ciegamente cada entrenamiento. La emplearía para:

  • Organizar el historial.
  • Detectar tendencias.
  • Comparar semanas.
  • Identificar señales anómalas.
  • Facilitar la comunicación entre entrenador y deportista.

La decisión final debe considerar algo que el algoritmo no siempre conoce: cómo es tu vida, qué molestias tienes, qué te preocupa y cómo te encuentras realmente.

Cómo aplicar estas ocho claves desde esta semana

No necesitas cambiarlo todo de golpe. De hecho, intentar introducir ocho novedades al mismo tiempo puede crear más confusión que beneficio.

Puedes empezar con estas acciones:

1. Define el objetivo de cada sesión

Antes de salir, decide si ese día vas a recuperar, acumular volumen, trabajar el umbral, mejorar la velocidad o preparar el ritmo de competición.

2. Haz los rodajes fáciles más fáciles

Utiliza el test de conversación, la frecuencia cardíaca o una percepción de esfuerzo baja. No conviertas cada salida en una prueba de estado de forma.

3. Registra cinco variables

Apunta duración, intensidad, esfuerzo percibido, sueño y fatiga. Con eso ya puedes detectar tendencias útiles.

4. Añade fuerza de forma progresiva

Empieza con una o dos sesiones semanales, priorizando técnica y movimientos básicos. No necesitas quince ejercicios diferentes.

5. Come para el trabajo que vas a realizar

Llega con suficiente energía a los entrenamientos exigentes. Practica la ingesta durante las tiradas largas y evita improvisar el día de la carrera.

6. Revisa la recuperación antes de aumentar la carga

Más kilómetros solo son útiles cuando puedes asimilarlos. Si tu sueño, tu energía y tu rendimiento se deterioran, quizá no sea el momento de añadir otra sesión.

7. Introduce el material nuevo poco a poco

Esto se aplica especialmente a zapatillas con placa, cambios radicales de drop o dispositivos que pretenden modificar tu entrenamiento.

8. Ajusta el plan a tu vida

Una semana estresante no es un fracaso. Adaptar una sesión demuestra criterio, no falta de compromiso.

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Conclusión

Los mejores corredores del mundo no han dejado de trabajar duro. Lo que ha cambiado es la forma de dirigir ese esfuerzo.

Sus entrenadores individualizan más, definen mejor las intensidades, monitorizan la respuesta a la carga, periodizan la nutrición, protegen la recuperación y utilizan la tecnología con un propósito concreto. No buscan sumar sufrimiento sin control, sino producir la adaptación adecuada con el menor coste innecesario.

La lección más importante no es copiar los kilómetros, las concentraciones en altitud o las sesiones de un campeón olímpico. Es adoptar su manera de pensar.

En mi opinión, entrenar como un deportista de élite siendo corredor amateur significa dejar de entrenar al tuntún. Significa saber qué estás haciendo, por qué lo haces y cómo está respondiendo tu cuerpo. 

Puede que no tengas un laboratorio, un equipo médico ni varias horas libres al día. Pero sí puedes hacer que los rodajes suaves sean realmente suaves, controlar tu fatiga, trabajar la fuerza, dormir mejor y ajustar la alimentación a tus sesiones.

Esos pequeños cambios, mantenidos durante meses, probablemente tengan más valor que cualquier entrenamiento espectacular que no puedas sostener.

Preguntas frecuentes

¿Cómo entrenan los mejores corredores del mundo?

Combinan una gran cantidad de trabajo aeróbico controlado con sesiones específicas de intensidad, fuerza y competición. La distribución exacta depende de la prueba, la fase de la temporada y el perfil individual. Además, prestan mucha atención a la recuperación, la nutrición y la gestión de la carga (Haugen et al., 2022; Sandbakk et al., 2026). 

¿Los corredores de élite entrenan siempre muy fuerte?

No. Gran parte de su volumen se realiza a intensidades bajas. Las sesiones exigentes suelen estar planificadas y controladas, y no todas se llevan hasta el agotamiento (Tønnessen et al., 2024). 

¿Cuántos días intensos debe hacer un corredor amateur?

Depende del número total de sesiones, el nivel y la capacidad de recuperación. Para muchos corredores populares, una o dos sesiones exigentes por semana son suficientes. Las demás deberían permitir acumular trabajo sin generar una fatiga excesiva.

¿Es bueno copiar el plan de un corredor profesional?

No suele ser recomendable. Un profesional dispone de más experiencia, tiempo para descansar y apoyo médico y nutricional. Es más útil copiar principios —precisión, progresión y recuperación— que copiar volúmenes.

¿Cuántos días de fuerza necesita un corredor?

Una o dos sesiones semanales pueden ser suficientes para la mayoría. Los programas con cargas altas o una combinación de métodos han mostrado mejoras en el rendimiento de corredores, siempre que estén correctamente integrados en el plan (Llanos-Lagos et al., 2024). 

¿Es recomendable entrenar con pocos hidratos?

Puede utilizarse de forma puntual y planificada, pero no ha demostrado mejorar el rendimiento de manera consistente. Las sesiones de alta calidad deberían realizarse con suficiente disponibilidad de energía y carbohidratos (Gejl & Nybo, 2021). 

¿Las zapatillas de carbono previenen lesiones?

No está demostrado. Pueden mejorar la economía de carrera, pero también modifican la biomecánica del pie y el tobillo. Conviene introducirlas progresivamente (Tenforde et al., 2023). 

¿Puede un reloj detectar el sobreentrenamiento?

No por sí solo. Variables como la VFC, la frecuencia cardíaca y el sueño pueden aportar señales, pero deben interpretarse junto con las sensaciones, el rendimiento y el historial de carga (Bellenger et al., 2016). 

Bibliografía

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