
Cómo la nutrición mejora la fatiga y el esfuerzo percibido en corredores
La mayoría de corredores cree que la nutrición deportiva sirve para una cosa muy sencilla: tener más energía.
Y sí, esa es una parte importante.
Los hidratos de carbono llenan los depósitos de glucógeno. La cafeína puede activar el sistema nervioso. La hidratación ayuda a sostener el rendimiento. Las sales pueden evitar problemas en esfuerzos largos. La proteína ayuda a recuperar.
Pero hay una capa más profunda que muchos corredores no tienen en cuenta.
La nutrición no solo puede darte más combustible.
También puede hacer que el mismo ritmo se sienta menos duro.
Y esto, en resistencia, es una auténtica barbaridad.
Porque en una carrera de 10 km, una media maratón, una maratón o un ultra, no gana solo quien tiene mejores piernas. Gana quien puede sostener durante más tiempo una intensidad alta sin que el cerebro interprete que aquello es demasiado esfuerzo.
Un artículo reciente publicado en el Journal of the International Society of Sports Nutrition (Strasser, B., Burtscher, J., Álvarez-Herms, J., Kopp, M., Pageaux, B., & Burtscher, M., 2026) analiza precisamente esta idea: cómo diferentes intervenciones nutricionales pueden mejorar el rendimiento de resistencia modulando la percepción del esfuerzo. No es un ensayo experimental nuevo, sino una revisión corta que conecta fisiología, cerebro, fatiga, nutrición, hipoxia, calor, microbiota y rendimiento.
Y su mensaje principal es muy potente:
la nutrición puede mejorar el rendimiento no solo porque retrasa la fatiga muscular, sino porque cambia cómo el cerebro percibe el esfuerzo necesario para seguir corriendo.
Vamos a analizarlo.
El error: pensar que el rendimiento depende solo del motor
Durante años hemos explicado el rendimiento en corredores con tres conceptos principales:
- VO₂max,
- umbral,
- economía de carrera.
Y son importantísimos.
El VO₂max representa la capacidad máxima de captar, transportar y utilizar oxígeno. El umbral indica qué porcentaje de esa capacidad puedes sostener durante bastante tiempo. Y la economía de carrera refleja cuánta energía gastas para correr a una velocidad determinada.
Pero el artículo recuerda algo que muchas veces olvidamos: el rendimiento de resistencia no depende únicamente de variables fisiológicas. También depende de factores psicológicos, perceptivos y cerebrales. Entre ellos, la percepción del esfuerzo ocupa un lugar central.
Dicho de forma sencilla: puedes tener un gran motor, pero si tu cerebro interpreta que mantener ese ritmo es demasiado costoso, vas a levantar el pie.
Esto lo sabe cualquier corredor.
Hay días en los que el ritmo de 4:30/km parece cómodo. Y otros días, ese mismo ritmo parece una pelea contra un oso.
El reloj marca lo mismo.
El ritmo es el mismo.
Pero por dentro no se siente igual.
Ahí entra la percepción del esfuerzo.
Qué es realmente la percepción del esfuerzo
La percepción del esfuerzo es la sensación consciente de lo duro, pesado o exigente que se siente una tarea física.
No es exactamente dolor.
No es exactamente fatiga.
No es exactamente temperatura.
No es simplemente “me duelen las piernas”.
Es la sensación global de cuánto esfuerzo necesitas invertir para seguir haciendo lo que estás haciendo.
En corredores solemos medirla con escalas subjetivas, como la escala RPE. Por ejemplo, del 1 al 10:
- 2-3: rodaje muy suave,
- 4-5: cómodo pero activo,
- 6-7: tempo controlado,
- 8-9: esfuerzo alto,
- 10: máximo.
La clave del artículo es que esta percepción no es un simple “sentimiento”. Tiene una base neurofisiológica.
Según el modelo de la descarga corolaria, cuando el cerebro envía una orden motora para mover los músculos, se genera una especie de copia interna de esa orden. Esa copia contribuye a la sensación de esfuerzo. Cuanto mayor es la orden que el cerebro necesita enviar para mantener una intensidad, mayor es la percepción del esfuerzo.
Imagina que tus piernas son un coche y el cerebro es el conductor.
Cuando el coche va fino, el conductor apenas tiene que pisar el acelerador para mantener la velocidad.
Pero si el motor empieza a fallar, si las ruedas rozan, si hay viento en contra o si el coche va sobrecalentado, el conductor tiene que pisar más el acelerador para mantener la misma velocidad.
En el corredor pasa algo parecido.
Cuando aparece fatiga neuromuscular, pérdida de fuerza, calor, hipoxia, agotamiento de glucógeno o fatiga mental, el cerebro necesita aumentar la orden motora para mantener el mismo ritmo. Y cuando aumenta esa orden, aumenta la percepción del esfuerzo.
Por eso, muchas estrategias nutricionales pueden mejorar el rendimiento si consiguen una de estas tres cosas:
- que el músculo tarde más en fatigarse;
- que el cerebro necesite menos orden motora para mantener el ritmo;
- que la sensación de esfuerzo sea menor para una misma intensidad.
El modelo psicobiológico: no paras solo porque el músculo se agote
Una de las ideas más interesantes del artículo es el modelo psicobiológico del rendimiento de resistencia.
Este modelo plantea que el agotamiento no aparece únicamente cuando el cuerpo ya no puede más desde un punto de vista fisiológico. Aparece cuando el corredor alcanza el máximo esfuerzo que está dispuesto o es capaz de tolerar en ese momento.
Esto cambia mucho la forma de entender el rendimiento.
En una prueba de tiempo hasta el agotamiento, el corredor no se detiene solo porque el músculo esté completamente vacío. Se detiene cuando la percepción del esfuerzo se acerca al máximo tolerable.
En una carrera o contrarreloj, el pacing también está regulado por la percepción del esfuerzo. Si el ritmo se siente demasiado duro demasiado pronto, el corredor baja la intensidad. Si el ritmo se siente controlado, se atreve a sostener o incluso acelerar.
Esto explica por qué la nutrición puede ser tan importante.
Porque si una estrategia nutricional consigue que el esfuerzo suba más lentamente, el corredor puede tardar más en llegar a ese punto de “no puedo sostener esto más”.
Dicho de forma práctica:
no se trata solo de correr más rápido; se trata de que correr rápido te cueste menos por dentro.
Carbohidratos: no son solo gasolina, también reducen el coste percibido
Los carbohidratos son probablemente la estrategia nutricional más importante para esfuerzos de resistencia.
El artículo recuerda que aumentar la disponibilidad de glucógeno muscular y hepático mejora la capacidad y el rendimiento en esfuerzos prolongados, especialmente en eventos de más de 60-90 minutos. También destaca que consumir carbohidratos durante el ejercicio ayuda a mantener la glucosa sanguínea, sostener la oxidación de carbohidratos y retrasar la aparición de la fatiga.
Pero aquí viene la parte interesante.
Los carbohidratos no solo aportan energía. También pueden reducir la percepción del esfuerzo de forma indirecta.
¿Por qué?
Porque si el músculo dispone de energía suficiente, tarda más en fatigarse. Si tarda más en fatigarse, el cerebro no necesita aumentar tanto la orden motora para mantener el mismo ritmo. Y si no necesita aumentar tanto esa orden, la percepción del esfuerzo sube más lentamente.
Es como si en una carrera larga llevaras el depósito lleno y un flujo constante de combustible.
No significa que no vayas a cansarte.
El propio artículo lo deja claro: los carbohidratos retrasan la fatiga, pero no la eliminan.
Esto es fundamental.
Tomar geles no hace que una maratón sea fácil. Pero puede evitar que el kilómetro 30 se convierta en una pared mucho antes de tiempo.
Además, el artículo menciona el efecto del enjuague bucal con carbohidratos. En algunos contextos, simplemente enjuagar la boca con una solución de carbohidratos puede mejorar el rendimiento al estimular receptores orales conectados con áreas cerebrales relacionadas con la motivación y el control motor.
Esto demuestra que el cerebro no espera siempre a que el carbohidrato llegue al músculo. A veces, solo detectar carbohidrato en la boca ya puede modificar la respuesta del sistema nervioso.
Para corredores, la conclusión práctica es clara:
los hidratos de carbono no son solo combustible muscular; también son una señal para el cerebro de que seguir corriendo es sostenible.
Cafeína: cuando el mismo esfuerzo se siente más tolerable
La cafeína es otra de las estrategias con mayor respaldo en deportes de resistencia.
El artículo señala que dosis moderadas-altas de 5-9 mg/kg pueden mejorar el rendimiento, aunque dosis más bajas, por debajo de 3 mg/kg o alrededor de 200 mg, también pueden ser ergogénicas.
Su mecanismo principal se relaciona con el bloqueo de los receptores de adenosina.
La adenosina es una molécula relacionada con la sensación de cansancio y somnolencia. Cuando la cafeína bloquea sus receptores, el sistema nervioso puede sentirse más activado, más alerta y con menor sensación de fatiga.
Pero el artículo va más allá.
También menciona que la cafeína puede reducir la amplitud del potencial cortical relacionado con el movimiento, una señal vinculada a la magnitud del comando motor. Es decir, podría hacer que el cerebro necesite menos “esfuerzo neural” para sostener una tarea determinada.
En la práctica, muchos corredores lo han vivido.
No es que la cafeína te regale piernas nuevas. Es que ese ritmo que antes se sentía como un 8/10 puede sentirse como un 7/10. Y en competición, esa diferencia puede ser enorme.
Ahora bien, también hay que tener cuidado.
Si la cafeína reduce la percepción del esfuerzo, puedes salir demasiado rápido. Puedes pensar que vas cómodo cuando en realidad estás quemando cerillas que necesitarás más adelante.
Por eso la cafeína no debe usarse como un “empujón ciego”. Debe integrarse dentro de una estrategia de ritmo.
En una media maratón o maratón, no se trata de tomar cafeína para volverse loco en el kilómetro 3. Se trata de tomarla para sostener mejor el esfuerzo cuando la carrera empieza a ponerse seria.
Taurina: una ayuda interesante para calor y fatiga neuromuscular
La taurina es un aminoácido abundante en el músculo esquelético y participa en varias funciones celulares.
Según el artículo, dosis de 1-3 g/día durante 6-15 días, tomadas entre 1 y 3 horas antes del ejercicio, podrían mejorar rendimiento aeróbico, anaeróbico y recuperación, además de reducir marcadores relacionados con fatiga muscular.
Uno de los estudios citados es especialmente interesante: una suplementación aguda con taurina de 50 mg/kg, tomada 2 horas antes de ejercicio en calor a 35 °C, aumentó el tiempo hasta el agotamiento un 10%, elevó la tasa de sudoración un 12,7%, redujo la percepción del esfuerzo y redujo la temperatura central en fases finales del ejercicio.
Esto tiene una aplicación clara para corredores.
El calor no solo aumenta la temperatura corporal. También aumenta la percepción del esfuerzo.
Correr a 4:45/km en invierno puede sentirse cómodo.
Correr a 4:45/km con 32 °C puede sentirse como una sentencia.
Si una estrategia ayuda a mejorar la termorregulación, reducir la acumulación de fatiga o mejorar el confort térmico, puede hacer que el corredor sostenga mejor la intensidad.
La taurina no tiene el mismo nivel de evidencia práctica que los carbohidratos o la cafeína, pero aparece como una ayuda interesante en contextos de calor, fatiga neuromuscular y esfuerzos exigentes.
Para corredores populares, yo lo resumiría así:
no sería la primera pieza del puzle, pero podría ser una herramienta útil en escenarios concretos, especialmente cuando el calor limita el rendimiento.
Mentol: sentir menos calor no siempre significa estar más frío
El mentol es una estrategia ergogénica emergente, sobre todo en ambientes calurosos.
Puede utilizarse de forma tópica o mediante enjuague bucal. Su efecto principal parece relacionarse con la sensación de frescor, propiedades analgésicas, ventilatorias y estimulantes.
Aquí hay una idea muy importante:
el mentol no necesariamente enfría mucho el cuerpo, pero puede hacer que sientas menos calor.
Y eso puede mejorar el rendimiento porque reduce el malestar térmico y puede bajar la percepción del esfuerzo en condiciones de calor.
Pero también puede ser peligroso.
El artículo advierte que, al generar sensación de enfriamiento, el mentol podría aumentar el riesgo de problemas relacionados con el calor si el corredor interpreta que está más fresco de lo que realmente está.
Esto es clave para trail-running, maratones de verano o carreras en condiciones calurosas.
El mentol puede ser una herramienta interesante, pero no sustituye a:
- aclimatación al calor,
- hidratación,
- sodio,
- control del ritmo,
- ropa adecuada,
- enfriamiento externo,
- estrategia de carrera.
Es como apagar el pitido de alarma del coche. Puede ayudarte a no agobiarte, pero si el motor sigue sobrecalentado, el problema sigue ahí.
Por eso, en corredores, el mentol debe entenderse como una herramienta perceptiva, no como una solución fisiológica completa.
Beta-alanina: útil cuando el esfuerzo tiene componente intenso
La beta-alanina se relaciona con el aumento de carnosina muscular, lo que puede mejorar la capacidad tampón del músculo frente a la acumulación de hidrogeniones durante esfuerzos intensos.
El artículo menciona dosis habituales de 3-6 g/día y la presenta como una ayuda especialmente interesante para ejercicios de alta intensidad.
Para corredores, esto no significa que la beta-alanina sea imprescindible para preparar una maratón.
Su utilidad puede ser mayor en esfuerzos donde hay una contribución anaeróbica importante:
- series intensas,
- finales rápidos,
- subidas duras,
- kilómetros verticales,
- carreras de trail con cambios de ritmo,
- bloques de entrenamiento con mucha intensidad,
- esfuerzos de 1 a 10 minutos aproximadamente.
El artículo cita un estudio en ciclistas World Tour donde una semana de dosis altas de beta-alanina mejoró una contrarreloj cuesta arriba de 4,5 km al 5% y ayudó a minimizar la fatiga durante un training camp.
La lectura para corredores de montaña es interesante.
En trail no todo es correr en zona 2 durante horas. También hay subidas donde las piernas queman, cambios de ritmo, tramos técnicos y momentos donde la intensidad se dispara.
Ahí, una mejor capacidad tampón puede ayudar a tolerar mejor la acumulación de fatiga periférica.
Pero de nuevo: no es magia.
Si un corredor duerme mal, no hace fuerza, no entrena bien las cuestas y no come suficiente, la beta-alanina no va a salvar la preparación.
BCAA: mucha fama, evidencia más floja
Los BCAA —leucina, isoleucina y valina— han sido durante años uno de los suplementos más vendidos en el mundo del deporte.
El artículo menciona algunos estudios donde los BCAA podrían reducir fatiga, modular metabolismo de sustratos o mejorar la percepción del esfuerzo. También cita intervenciones donde los BCAA aparecen combinados con otros nutrientes, como alanina, carbohidratos, citrulina o A-GPC.
Pero la parte más importante es la advertencia final: una revisión sistemática reciente no sugiere que los BCAA mejoren de forma significativa el rendimiento de resistencia o la recuperación muscular.
Esto es muy importante para corredores.
Los BCAA se venden como si fueran una solución para evitar la fatiga, proteger el músculo y recuperar mejor. Pero si el corredor ya consume suficiente proteína diaria, probablemente no son una prioridad.
Antes que BCAA, yo pondría:
- suficiente energía total,
- carbohidratos bien periodizados,
- proteína diaria adecuada,
- cafeína si se tolera,
- hidratación y sodio,
- entrenamiento de fuerza,
- sueño,
- planificación de cargas.
El problema de muchos suplementos no es que sean inútiles en cualquier contexto. El problema es que se colocan demasiado arriba en la pirámide.
Y los BCAA, para la mayoría de corredores bien alimentados, están bastante abajo.
Probióticos y microbiota: la nueva frontera del rendimiento
La parte de probióticos y microbiota es una de las más interesantes del artículo.
Los autores explican que los probióticos pueden beneficiar al deportista de forma indirecta manteniendo la función gastrointestinal, apoyando la salud intestinal, reduciendo los efectos inmunosupresores del ejercicio intenso y disminuyendo infecciones respiratorias.
También se mencionan estudios donde la suplementación multiespecie durante 3-4 meses se asoció con mayores cargas de entrenamiento y menor percepción del esfuerzo en pruebas de rendimiento.
Además, se citan investigaciones sobre cepas concretas como Lactobacillus plantarum PS128, con efectos positivos sobre rendimiento de resistencia, o Bacillus coagulans GBI-30, 6086, relacionado con reducción de daño muscular y mejora de recuperación.
Pero lo más potente no es solo hablar de probióticos.
Lo más potente es hablar del eje intestino-cerebro.
El artículo explica que la microbiota podría influir en la percepción del esfuerzo, la fatiga y la tolerancia al ejercicio mediante señales que viajan desde el intestino al cerebro, incluyendo el nervio vago y metabolitos como serotonina, dopamina, GABA, butirato y otros compuestos.
También menciona los ácidos grasos de cadena corta, especialmente el butirato, que se producen por fermentación de fibra y pueden modular el metabolismo muscular, la barrera intestinal y la función inmune.
Y aparece una idea muy atractiva: durante el ejercicio sostenido, el lactato generado podría ser accesible para la microbiota y convertirse en ácidos grasos de cadena corta, especialmente propionato, con posible impacto en el rendimiento.
Traducido a lenguaje sencillo:
tu intestino podría transformar parte de lo que ocurre durante el ejercicio en señales que influyen en la energía, la fatiga y la motivación.
Todavía queda mucho por investigar. Pero la línea es brutal.
Hasta hace poco mirábamos el intestino solo cuando daba problemas. Ahora empezamos a verlo como un posible modulador del rendimiento.
La gran idea del artículo: el rendimiento es sistémico
Para mí, el mayor valor de este artículo es que obliga a dejar de pensar en la nutrición deportiva como una simple lista de suplementos.
No se trata de decir:
- cafeína sí,
- BCAA no,
- taurina quizá,
- carbohidratos siempre,
- probióticos depende.
Eso sería quedarse en la superficie.
La idea profunda es esta:
el rendimiento de resistencia depende de cómo interactúan músculo, cerebro, metabolismo, intestino, temperatura, fatiga y percepción del esfuerzo.
Un corredor no se rompe solo por una causa.
No baja el ritmo solo porque falten hidratos.
No abandona solo porque suba el lactato.
No se hunde solo porque tenga calor.
No rinde mal solo porque le falte motivación.
Normalmente, el rendimiento cae porque varios sistemas empiezan a enviar señales de amenaza al mismo tiempo:
- baja energía disponible,
- más fatiga neuromuscular,
- mayor temperatura,
- más estrés cardiovascular,
- molestias digestivas,
- mayor esfuerzo percibido,
- fatiga mental,
- peor regulación del ritmo.
La nutrición puede actuar sobre varios de esos sistemas.
Por eso es tan potente.
Cómo aplicar esto a corredores populares
La aplicación práctica no es tomar todos los suplementos del artículo.
La aplicación práctica es ordenar prioridades.
1. Primero: carbohidratos bien usados
Para esfuerzos largos o intensos, los carbohidratos siguen siendo la herramienta principal.
Un corredor que prepara media maratón, maratón o trail debe aprender a:
- llegar con buenos depósitos de glucógeno,
- consumir carbohidratos durante tiradas largas,
- entrenar el intestino,
- ajustar gramos por hora según duración e intensidad,
- no improvisar en carrera.
En pruebas largas, una mala estrategia de carbohidratos puede hacer que el esfuerzo percibido se dispare mucho antes.
2. Segundo: cafeína individualizada
La cafeína puede ayudar a reducir la percepción del esfuerzo, pero debe probarse antes.
No todos la toleran igual.
Algunos corredores mejoran mucho. Otros tienen nerviosismo, molestias digestivas, taquicardia o mala regulación del ritmo.
La clave es individualizar dosis y momento.
3. Tercero: calor, hidratación y estrategias perceptivas
En calor, la percepción del esfuerzo aumenta.
Aquí pueden tener sentido estrategias como:
- preenfriamiento,
- mentol,
- bebidas frías,
- sodio,
- taurina en casos concretos,
- aclimatación al calor.
Pero ninguna estrategia perceptiva debe tapar los riesgos reales del calor.
4. Cuarto: microbiota y salud intestinal
Para corredores con problemas digestivos, fatiga persistente o mala recuperación, la microbiota puede ser una línea de trabajo muy interesante.
No solo con probióticos, sino con:
- dieta variada,
- fibra ajustada,
- alimentos fermentados si se toleran,
- almidón resistente,
- buena disponibilidad energética,
- evitar abuso de antiinflamatorios,
- entrenar la tolerancia digestiva.
5. Quinto: suplementos secundarios
Beta-alanina, taurina, mentol o probióticos pueden tener sentido, pero según contexto.
BCAA, en la mayoría de corredores bien alimentados, no serían prioritarios.
Lo que no debemos malinterpretar
Este artículo es muy interesante, pero no debe convertirse en una excusa para vender suplementos de forma indiscriminada.
Tiene varias limitaciones.
Primero, es una revisión narrativa, no una revisión sistemática. Eso significa que no cuantifica toda la evidencia disponible ni establece conclusiones definitivas para cada suplemento.
Segundo, muchas intervenciones se han estudiado en ciclistas, futbolistas, sujetos entrenados o muestras pequeñas. No todo se puede extrapolar directamente a corredores populares.
Tercero, reducir la percepción del esfuerzo no siempre significa mejorar de forma segura el rendimiento. En calor o altitud, sentir menos esfuerzo puede ayudarte a rendir, pero también puede hacerte ignorar señales importantes.
Cuarto, la respuesta es individual. Dos corredores pueden tomar la misma dosis de cafeína y responder de manera totalmente distinta.
Quinto, la nutrición no compensa una mala planificación. Ningún suplemento arregla una semana mal estructurada, falta de descanso o exceso de intensidad.
Conclusión: correr mejor no es solo tener más energía
Este artículo aporta una visión moderna y muy útil para corredores.
La nutrición deportiva no debe entenderse solo como gasolina. Debe entenderse como una herramienta para modificar el entorno interno del deportista.
Los carbohidratos ayudan a sostener la energía y retrasar la fatiga.
La cafeína puede reducir la percepción del esfuerzo mediante acción central.
La taurina puede tener interés en calor y fatiga neuromuscular.
El mentol puede modificar la sensación térmica.
La beta-alanina puede ayudar en esfuerzos intensos.
Los probióticos y la microbiota abren una vía fascinante sobre intestino, fatiga, recuperación y eje intestino-cerebro.
Los BCAA, en cambio, parecen mucho menos prioritarios para la mayoría de corredores.
Pero la idea central es esta:
un corredor no mejora solo porque tiene más combustible, sino porque necesita menos esfuerzo interno para sostener el mismo ritmo.
Y eso depende de muchas piezas: músculo, cerebro, intestino, temperatura, energía, fatiga y percepción.
Por eso, cuando hablamos de nutrición para corredores, deberíamos dejar de preguntarnos únicamente:
“¿Qué suplemento mejora el rendimiento?”
Y empezar a preguntarnos:
“¿Qué estrategia hace que este corredor pueda sostener mejor el esfuerzo que necesita para competir?”
Porque al final, correr rápido no es solo mover las piernas.
Es convencer al cuerpo entero de que merece la pena seguir.
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