Probióticos y microbiota en corredores: cómo tu intestino puede influir en el rendimiento

Durante muchos años, cuando hablábamos de rendimiento en corredores, casi siempre mirábamos hacia los mismos sitios: el VO₂max, el umbral, los ritmos, las series, la fuerza, los carbohidratos, la cafeína o la hidratación.

Y sí, todo eso importa.

Pero cada vez hay más estudios que señalan a un protagonista que hasta hace poco parecía secundario: el intestino.

No me refiero solo a “tener buenas digestiones” o a evitar tener que buscar un arbusto en mitad de una tirada larga. Me refiero a algo mucho más profundo: la microbiota intestinal podría influir en la inflamación, la recuperación, la tolerancia al esfuerzo, la percepción de fatiga, la disponibilidad de ciertos metabolitos e incluso la comunicación entre intestino y cerebro.

Dicho de forma sencilla: tu intestino no corre por ti, pero puede hacer que correr te cueste más… o menos.

Una revisión reciente publicada en el Journal of the International Society of Sports Nutrition plantea precisamente esta idea: algunas intervenciones nutricionales, entre ellas los probióticos, podrían mejorar el rendimiento no solo actuando sobre el músculo, sino también modulando la percepción del esfuerzo, la fatiga y la comunicación entre intestino y cerebro. 

Ahora bien, antes de emocionarnos demasiado: no, los probióticos no son una pócima mágica. No van a convertir a un corredor lesionado, mal entrenado, mal alimentado y sin dormir en Kilian Jornet. Pero la evidencia actual sí empieza a mostrar algo interesante: en algunos contextos, cuidar la microbiota puede ayudar al corredor a tolerar mejor el entrenamiento, recuperarse mejor y sufrir menos problemas digestivos.

Vamos a verlo con calma.

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Qué es la microbiota y por qué debería importarle a un corredor

La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos que viven en nuestro intestino: bacterias, virus, hongos y otros microorganismos. Aunque muchas veces hablamos de ella como si fuera “una cosa”, en realidad es más parecido a una ciudad llena de habitantes con funciones diferentes.

Algunas bacterias fermentan fibras y producen sustancias beneficiosas. Otras participan en la regulación del sistema inmune. Otras influyen en la barrera intestinal. Y otras pueden comunicarse de manera indirecta con el sistema nervioso.

Los probióticos, por su parte, son microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, pueden generar beneficios en el huésped. En deporte, la International Society of Sports Nutrition señala que los probióticos pueden influir sobre salud gastrointestinal, función inmune, recuperación y, potencialmente, rendimiento deportivo. 

Para un corredor esto es importante por tres razones:

Primero, porque el ejercicio de resistencia prolongado puede alterar el intestino. Cuando corres durante mucho tiempo, especialmente con calor o intensidad, parte del flujo sanguíneo se redistribuye hacia los músculos y la piel. Eso puede reducir el riego del sistema digestivo y favorecer molestias gastrointestinales.

Segundo, porque los problemas digestivos pueden limitar directamente el rendimiento. Da igual que tengas buenas piernas si en el kilómetro 25 de una maratón no toleras los geles, tienes náuseas, diarrea, dolor abdominal o hinchazón.

Tercero, porque la microbiota puede participar en procesos relacionados con la fatiga, la inflamación y la comunicación intestino-cerebro.

Es decir, el intestino no es solo una tubería por donde pasa la comida. Es más parecido a una central de control que se comunica con el sistema inmune, el metabolismo y el cerebro.

Lo que dice la ciencia: no todo es rendimiento directo

Aquí conviene separar muy bien dos cosas.

Una cosa es que un probiótico mejore directamente el rendimiento, por ejemplo aumentando el tiempo hasta el agotamiento o mejorando una prueba de carrera.

Otra cosa distinta es que mejore factores que pueden ayudar al rendimiento, como reducir síntomas gastrointestinales, mejorar la función inmune, reducir la fatiga percibida o favorecer la recuperación.

Esta diferencia es clave.

Porque muchos titulares dicen: “Los probióticos mejoran el rendimiento deportivo”. Pero cuando vas al estudio, a veces lo que se ha visto realmente es una reducción de molestias digestivas o una mejora de marcadores indirectos, no necesariamente una mejora clara en tiempo, ritmo o potencia.

Una revisión sistemática de Kearns y colaboradores analizó si los probióticos podían mitigar la inflamación gastrointestinal y la fatiga percibida en deportistas. La conclusión fue prudente pero interesante: los probióticos, especialmente multicepa y con dosis mínimas alrededor de 15.000 millones de UFC al día durante al menos 28 días, podrían contribuir a reducir fatiga percibida o real. 

Esto no significa que todos los corredores deban tomar probióticos. Significa que, en algunos deportistas, especialmente aquellos con fatiga, problemas digestivos o cargas altas de entrenamiento, puede ser una herramienta más dentro de una estrategia global.

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Probióticos y rendimiento en calor: el estudio de Shing et al.

Uno de los estudios más interesantes para corredores es el de Shing y colaboradores. Investigaron si una suplementación con probióticos multicepa podía mejorar la permeabilidad gastrointestinal, la inflamación y el rendimiento corriendo en calor.

El protocolo incluyó 4 semanas de suplementación con una cápsula probiótica multicepa de 45.000 millones de UFC/día, con cepas de Lactobacillus, Bifidobacterium y Streptococcus, en corredores que realizaban ejercicio en ambiente caluroso. El resultado principal fue que la suplementación aumentó el tiempo hasta la fatiga corriendo en calor. 

Esto es muy relevante para corredores populares y trail-runners porque el calor multiplica los problemas digestivos. Cuando corres con calor, el cuerpo necesita enviar más sangre a la piel para disipar temperatura. Al mismo tiempo, los músculos siguen reclamando oxígeno y energía. En esa pelea por el riego sanguíneo, el intestino suele salir perdiendo.

Si la barrera intestinal está más vulnerable, puede aumentar la permeabilidad intestinal, la entrada de endotoxinas como el LPS y la respuesta inflamatoria. Y eso puede traducirse en más fatiga, peor tolerancia al esfuerzo y más problemas digestivos.

La lectura práctica del estudio no es: “toma probióticos y correrás más rápido en verano”.

La lectura correcta sería: en esfuerzos largos y calurosos, cuidar el intestino puede ser una pieza más para tolerar mejor el ejercicio.

Lactobacillus plantarum PS128: uno de los probióticos más interesantes para resistencia

Otro estudio muy citado es el de Huang y colaboradores, realizado con triatletas y la cepa Lactobacillus plantarum PS128.

Este trabajo encontró que la suplementación con PS128 se asoció con una mejora del rendimiento de resistencia mediante modulación de la microbiota y sus metabolitos, pero sin cambios significativos en el VO₂max. También se observaron mayores niveles de ácidos grasos de cadena corta como acetato, propionato y butirato en el grupo suplementado. 

Esta parte es muy importante.

Si mejora el rendimiento pero no mejora el VO₂max, eso significa que el beneficio no viene necesariamente de “tener más motor central”. Puede venir de otros mecanismos: mejor metabolismo, mejor tolerancia al esfuerzo, menor fatiga, cambios en metabolitos o mejor comunicación intestino-músculo-cerebro.

Para entenderlo con una metáfora: el VO₂max sería como la cilindrada del coche. Pero el rendimiento no depende solo de la cilindrada. También depende de la eficiencia, del combustible, de la refrigeración, del estado de las ruedas y de que no se encienda ninguna luz roja en el salpicadero.

La microbiota podría actuar en algunas de esas “piezas invisibles” que permiten sostener mejor el esfuerzo.

Probióticos en ciclistas de élite: menos síntomas digestivos y menor percepción de esfuerzo

Schreiber y colaboradores estudiaron a ciclistas de élite durante 90 días de suplementación con probióticos multicepa. El estudio incluyó 27 ciclistas masculinos de nivel élite o categoría 1, con un diseño doble ciego. Midieron síntomas gastrointestinales, marcadores inflamatorios, VO₂max y una prueba de tiempo hasta la fatiga. 

Los resultados fueron interesantes pero no espectaculares: hubo menor incidencia de algunos síntomas digestivos y una reducción de la percepción subjetiva del esfuerzo durante la prueba, pero no se observaron mejoras significativas en VO₂max ni en tiempo hasta la fatiga. 

Este estudio es muy útil porque nos ayuda a no vender humo.

Los probióticos pueden mejorar cómo se siente el deportista. Pueden reducir molestias digestivas. Pueden hacer que una carga se perciba como algo menos dura. Pero eso no siempre se traduce automáticamente en correr o pedalear más rápido.

En corredores populares, sin embargo, esto puede tener mucho valor. Porque muchas veces el problema no es solo el rendimiento en una prueba de laboratorio, sino la capacidad de entrenar semana tras semana sin molestias, sin infecciones frecuentes, sin diarreas en tiradas largas y sin sensación constante de fatiga.

Probióticos multicepa y capacidad aeróbica en ciclistas

Mazur-Kurach y colaboradores estudiaron si una suplementación con probióticos multicepa podía influir en la capacidad de esfuerzo de ciclistas de carretera competitivos. Sus resultados indicaron que la suplementación se asoció con mejoras en la capacidad aeróbica y mantenimiento de la capacidad anaeróbica. 

Este tipo de estudios refuerzan una idea: probablemente no existe “el probiótico para correr más”, sino estrategias que, en determinados deportistas y durante suficiente tiempo, pueden ayudar a crear un entorno interno más favorable.

Aquí hay un punto clave: muchos estudios usan probióticos durante semanas o meses. No estamos hablando de tomar una cápsula el día antes de una carrera como si fuera cafeína.

La microbiota necesita tiempo.

Igual que no mejoras el umbral con una sola sesión de tempo, tampoco remodelas tu ecosistema intestinal en 24 horas.

Probióticos, infecciones y continuidad del entrenamiento

Otro bloque de evidencia no mira tanto el rendimiento directo, sino la salud del deportista.

Strasser y colaboradores realizaron un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo en deportistas entrenados. Observaron que la suplementación probiótica tuvo efectos beneficiosos sobre el metabolismo triptófano-quinurenina y redujo la incidencia de infecciones del tracto respiratorio superior. 

Esto puede parecer menos sexy que decir “mejora tu marca en 10 km”, pero para un corredor es muy importante.

Porque el rendimiento no mejora solo por entrenar fuerte. Mejora por poder entrenar de forma constante.

Si cada pocas semanas tienes infecciones, molestias digestivas o bajones de energía, tu planificación se rompe. Y cuando la planificación se rompe, el rendimiento se estanca.

Por eso, una estrategia que ayude a reducir problemas inmunológicos o digestivos puede tener un efecto indirecto muy potente: te permite entrenar más semanas buenas seguidas.

Probióticos y recuperación muscular: Bacillus coagulans

Jäger y colaboradores estudiaron el probiótico Bacillus coagulans GBI-30, 6086 combinado con proteína. El estudio encontró una tendencia a reducir índices de daño muscular, mejorar la recuperación y mantener el rendimiento físico tras un estímulo de daño muscular. 

Esto no significa que este probiótico sustituya a la proteína, al descanso o a una buena planificación de cargas. Pero abre una línea interesante: algunos probióticos podrían influir en la recuperación, posiblemente a través de inflamación, absorción de nutrientes, respuesta inmune o metabolismo.

Para corredores, esto puede ser relevante en bloques de fuerza, tiradas largas, carreras de montaña con mucho descenso o competiciones que generan mucho daño muscular.

Especialmente en trail-running, donde el daño excéntrico de las bajadas puede dejar las piernas como si hubieras bajado una escalera infinita.

Microbiota y ácidos grasos de cadena corta: el puente entre fibra, intestino y rendimiento

Una de las piezas más importantes de todo este tema son los ácidos grasos de cadena corta, también conocidos como SCFA: acetato, propionato y butirato.

Estos compuestos se producen cuando ciertas bacterias intestinales fermentan fibras y otros sustratos. No son simples “residuos” de la fermentación. Tienen funciones importantes sobre metabolismo, inflamación, inmunidad y barrera intestinal. 

Markowiak-Kopeć y Śliżewska revisaron cómo los probióticos pueden influir en la producción de SCFA por parte de la microbiota intestinal. La idea de fondo es sencilla: no solo importa qué bacterias tienes, sino qué metabolitos producen. 

Para un corredor, los SCFA son interesantes por varias razones:

  • el butirato puede ayudar a mantener la integridad de la barrera intestinal;
  • el propionato puede participar en rutas metabólicas relacionadas con energía;
  • el acetato puede ser utilizado en diferentes tejidos;
  • los SCFA pueden modular inflamación e inmunidad;
  • podrían participar en la comunicación entre intestino, músculo y cerebro.

Sales y Reimer revisaron precisamente el papel de la microbiota, los SCFA y los “bióticos” como un posible determinante emergente del rendimiento deportivo. Su revisión destaca el potencial ergogénico de la microbiota intestinal y cómo podría aprovecharse para mejorar la capacidad de resistencia. 

Traducido a lenguaje de corredor: no basta con comer “muchas calorías”. También importa qué hace tu intestino con lo que comes.

Veillonella, lactato y propionato: el estudio que cambió la conversación

Uno de los estudios más llamativos es el de Scheiman y colaboradores, publicado en Nature Medicine. Analizaron la microbiota de atletas de élite y observaron una asociación entre el género Veillonella y el ejercicio.

Lo interesante es que Veillonella atypica puede utilizar lactato como fuente de carbono y convertirlo en propionato. En modelos con ratones, la administración de esta bacteria aumentó el tiempo de carrera en cinta, y la administración de propionato reprodujo parte de ese efecto. 

Este estudio es fascinante porque rompe una idea clásica.

Durante años hemos visto el lactato principalmente como un metabolito muscular. Hoy sabemos que el lactato es mucho más que “el malo de la película”. Y este estudio añade otra capa: parte del lactato generado durante el ejercicio podría llegar al intestino y ser utilizado por bacterias capaces de transformarlo en metabolitos con potencial efecto sobre el rendimiento.

¿Significa esto que ya podemos comprar Veillonella y mejorar nuestras marcas? No.

Significa que estamos empezando a entender que el rendimiento no depende solo del músculo. También depende de redes metabólicas donde participa el intestino.

La microbiota podría funcionar como una pequeña fábrica interna capaz de transformar sustancias generadas durante el ejercicio en compuestos útiles para la tolerancia al esfuerzo.

Eje intestino-cerebro: por qué la microbiota podría influir en la motivación y la fatiga

Otro bloque muy potente es el del eje intestino-cerebro.

Dohnalová y colaboradores publicaron en Nature un estudio en ratones donde describieron una vía intestino-cerebro dependiente de la microbiota que mejoraba el rendimiento al aumentar la señalización dopaminérgica durante el ejercicio. Según los autores, metabolitos endocannabinoides producidos de forma dependiente de la microbiota estimulaban neuronas sensoriales intestinales y elevaban dopamina en el estriado ventral durante el ejercicio. 

Esto no debe interpretarse de forma simplista como “más microbiota = más motivación”. El estudio es en ratones y hay que ser prudentes al extrapolarlo a humanos.

Pero la idea es potente: parte de la motivación para moverse, de la sensación de recompensa durante el ejercicio y de la tolerancia al esfuerzo podría estar influida por señales que nacen en el intestino.

Dicks revisó la relación entre bacterias intestinales y neurotransmisores, incluyendo GABA, dopamina, noradrenalina, serotonina e histamina, mientras que Kang y Wang describieron el eje microbiota-intestino-cerebro como una vía bidireccional neural, hormonal e inmune que conecta el intestino con el cerebro. 

Para corredores, esto puede ayudar a entender algo que muchos han sentido alguna vez: hay días en los que el cuerpo “no tira”, pero tampoco tira la cabeza. La fatiga no siempre es puramente muscular. A veces es una mezcla de inflamación, sueño, estrés, digestión, sistema nervioso y percepción del esfuerzo.

Microbiota, percepción del esfuerzo y tolerancia al ejercicio

Álvarez-Herms y colaboradores plantearon una hipótesis narrativa muy alineada con esta idea: la microbiota intestinal podría modular la tolerancia al esfuerzo en deportistas de resistencia. 

Esto encaja con el modelo psicobiológico del rendimiento: no abandonas una carrera únicamente cuando el músculo se queda sin energía, sino cuando el esfuerzo requerido para seguir se vuelve demasiado alto para lo que estás dispuesto o puedes tolerar.

Si la microbiota influye en inflamación, disponibilidad de metabolitos, función intestinal, neurotransmisores y eje intestino-cerebro, podría influir también en cómo se percibe el esfuerzo.

Y aquí aparece una idea muy útil para divulgar:

La microbiota no te da piernas nuevas, pero puede cambiar el coste interno de usar las piernas que ya tienes.

Si correr a 4:30/km antes se sentía como un 8/10 y ahora se siente como un 7/10, aunque tu VO₂max no haya cambiado mucho, tu rendimiento puede mejorar porque puedes sostener mejor el ritmo o llegar menos castigado al final.

Cuando el entrenamiento también puede dañar el intestino

No todo es “más entrenamiento, mejor microbiota”.

El ejercicio moderado y bien planificado suele asociarse con efectos positivos sobre la salud intestinal. Pero el ejercicio intenso, prolongado, con calor, mala hidratación, estrés o déficit energético puede generar el efecto contrario.

Varanoske y colaboradores estudiaron el eje intestino-cerebro en situaciones de estrés físico y psicológico severo, analizando rendimiento cognitivo, estado de ánimo y biomarcadores de permeabilidad intestinal y barrera hematoencefálica.

Peng y colaboradores también plantearon que el entrenamiento interválico de alta intensidad y el entrenamiento continuo de intensidad media pueden afectar la función cognitiva mediante cambios en la microbiota intestinal y metabolitos como el LPS a través del eje intestino-cerebro. 

Para corredores de fondo esto es importante.

Una microbiota sana no se construye solo tomando probióticos. Se construye también evitando los enemigos clásicos del corredor:

  • entrenar demasiado fuerte demasiados días;
  • comer poco para el gasto que tienes;
  • abusar de antiinflamatorios;
  • dormir mal;
  • competir con calor sin aclimatación;
  • hacer tiradas largas sin entrenar el intestino;
  • meter mucha fibra justo antes de correr;
  • tomar geles o bebidas que nunca has probado;
  • vivir permanentemente en estrés.

El intestino del corredor no se cuida solo con cápsulas. Se cuida con planificación.

Entonces, ¿debería tomar probióticos un corredor?

Depende.

Un corredor sano, sin molestias digestivas, que come bien, duerme bien y tolera perfectamente los carbohidratos en carrera, quizá no necesita empezar por ahí.

Pero un corredor con molestias gastrointestinales frecuentes, sensación de fatiga persistente, infecciones recurrentes, mala recuperación o problemas para tolerar entrenamientos largos puede valorar una estrategia de microbiota.

La evidencia actual sugiere que los probióticos pueden ser más útiles en estos contextos:

  1. Corredores con problemas gastrointestinales durante entrenamientos o carreras.
    Especialmente si aparecen náuseas, hinchazón, diarrea, urgencia intestinal o molestias en tiradas largas.
  2. Corredores que entrenan o compiten en calor.
    El estudio de Shing et al. es especialmente interesante porque observó mejora del tiempo hasta la fatiga corriendo en calor tras 4 semanas de probióticos multicepa. 
  3. Deportistas con muchas semanas de carga.
    Si una intervención reduce síntomas digestivos, infecciones o fatiga percibida, puede ayudar a sostener mejor la continuidad del entrenamiento.
  4. Corredores con mala recuperación.
    Algunos estudios con cepas concretas, como Bacillus coagulans GBI-30, 6086, sugieren posibles efectos sobre recuperación y daño muscular, aunque todavía no debe venderse como una solución universal. 
  5. Corredores de resistencia con interés en nutrición de precisión.
    En el futuro probablemente no hablaremos de “tomar probióticos”, sino de usar cepas específicas según objetivo: barrera intestinal, tolerancia digestiva, fatiga, SCFA, inflamación o recuperación.

Qué buscar en un probiótico para corredores

Aunque todavía falta mucha investigación, la evidencia permite extraer algunas ideas prácticas.

Primero, la cepa importa. No basta con que el bote diga “probiótico”. No es lo mismo Lactobacillus plantarum PS128 que Bacillus coagulans GBI-30, 6086 o una mezcla multicepa de Lactobacillus, Bifidobacterium y Streptococcus.

Segundo, la dosis importa. La revisión de Kearns et al. sugiere que los probióticos multicepa con al menos 15.000 millones de UFC al día durante 28 días o más podrían contribuir a reducir fatiga percibida o real. 

Tercero, la duración importa. Muchos estudios usan 4 semanas, 6 semanas, 12 semanas o incluso 90 días. No tiene sentido probar un probiótico tres días y concluir que “no funciona”.

Cuarto, el contexto importa. Puede que un probiótico no mejore tu marca directa en un 10 km, pero sí reduzca síntomas digestivos durante una preparación de maratón. Y eso, a largo plazo, puede ser mucho más importante.

Quinto, la dieta importa. Tomar probióticos mientras comes mal, duermes poco y entrenas pasado de vueltas es como intentar plantar un árbol en cemento. Puede que la semilla sea buena, pero el terreno no ayuda.

Alimentos, fibra y prebioticos: la parte que muchos olvidan

Los probióticos son bacterias o microorganismos vivos. Pero para que el ecosistema intestinal funcione bien, también necesitas alimentar a las bacterias beneficiosas.

Aquí entran los prebióticos: fibras y compuestos que sirven de alimento para la microbiota.

En corredores, alimentos interesantes pueden ser:

  • avena;
  • arroz o patata cocidos y enfriados;
  • legumbres bien toleradas;
  • frutas según tolerancia;
  • verduras;
  • frutos rojos;
  • semillas;
  • alimentos fermentados si se toleran bien;
  • yogur o kéfir si no generan síntomas;
  • tubérculos;
  • alimentos ricos en almidón resistente.

El objetivo no es meter fibra sin control. De hecho, antes de correr puede ser contraproducente. El objetivo es construir una dieta diaria que favorezca una microbiota más resiliente, pero ajustando la fibra en función del entrenamiento.

Para un corredor, la fibra es como el entrenamiento de fuerza: muy buena si la colocas donde toca, pero puede ser un problema si la metes justo antes de competir.

Cómo aplicarlo en la práctica

Una estrategia razonable para un corredor podría ser:

Durante el día a día, priorizar una dieta rica en alimentos vegetales, variedad de fibras, carbohidratos de calidad, proteínas suficientes y alimentos fermentados bien tolerados.

Durante las semanas de carga, prestar atención a señales como hinchazón, diarrea, gases, infecciones frecuentes, fatiga anormal o mala recuperación.

Antes de una carrera importante, no improvisar. Si se va a probar un probiótico, hacerlo al menos 4 semanas antes, no la semana de la competición.

En tiradas largas, entrenar el intestino con los mismos carbohidratos, líquidos y sales que se usarán en carrera.

En carreras de calor, reducir riesgos: aclimatación, hidratación, sodio, control del ritmo, enfriamiento y, si hay antecedentes de problemas digestivos, valorar estrategias de microbiota con tiempo suficiente.

Y sobre todo: no usar probióticos como excusa para ignorar lo básico.

Porque si duermes 5 horas, comes poco, haces todas las series a muerte y encima tomas antiinflamatorios cada fin de semana, el problema no es que te falte una cápsula. El problema es que estás apagando fuego con gasolina.

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Conclusión: 

La ciencia sobre probióticos, microbiota y rendimiento está avanzando muy rápido. Todavía quedan muchas preguntas: qué cepas funcionan mejor, en qué deportistas, con qué dosis, durante cuánto tiempo y para qué objetivo concreto.

Pero ya podemos sacar una conclusión clara:

El intestino del corredor no solo importa para digerir. También puede influir en la fatiga, la recuperación, la inflamación, la tolerancia al esfuerzo y la percepción de esfuerzo.

Los estudios más interesantes muestran que algunos probióticos pueden mejorar el tiempo hasta la fatiga en calor, reducir síntomas gastrointestinales, disminuir la percepción del esfuerzo, favorecer la recuperación o modular metabolitos como los ácidos grasos de cadena corta.

Pero la clave no es pensar en los probióticos como una solución mágica.

La clave es entender que el rendimiento es sistémico.

Tus piernas corren.
Tu corazón bombea.
Tus pulmones intercambian oxígeno.
Tu cerebro regula el esfuerzo.
Y tu intestino, aunque no lo veas, puede estar ayudando… o poniendo el freno de mano.

Por eso, si eres corredor y quieres mejorar tu rendimiento, no mires solo tus ritmos. Mira también cómo digieres, cómo recuperas, cómo toleras los carbohidratos, cómo responde tu cuerpo al calor y cómo se comporta tu intestino cuando la carrera se pone seria.

Porque muchas veces, la diferencia entre acabar fuerte o venirte abajo no está solo en las piernas.

También puede estar en tu microbiota.

Bibliografía

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